
El medio rural se ha transformado, urbanizado y globalizado de una forma en la que la mayoría de los productores ya no viven exclusivamente de la producción agrícola y la globalización aparece como el contexto general para el estudio de problemas específicos, como la incorporación de las actividades rurales a la economía mundial, la importancia de las políticas supranacionales, entre otros. Como consecuencia de un aumento en la producción agrícola a fin de satisfacer un consumismo que la globalización utiliza como base de apalancamiento, entonces se generan las tres “D” (según la autora Yolanda Massieu) la deuda económica, la deuda social y se incorpora la deuda ecológica. Es decir por un lado se tiene la emergente necesidad de producir y de ser competitivo y por el otro lado se encuentran los retos que en materia ecológica se presentan, para Leonardo Boff es incomprensible dejar de lado al ecosistema y propone incluirlo como un entre y no como un algo en la relación que se lleva con la naturaleza.
¿Pero en donde se encuentra el sustento de todo este conflicto? Muchos podrían ser los ejemplos, pero tomando a América Latina, esta se encuentra con una alta tasa de deforestación, de la que México y Ecuador encabezan la lista, se les une Brasil y Colombia, los 4 países deforestan alrededor de cuatro millones de hectáreas anuales, además de que padecen problemas ambientales, no exentos de estar relacionados directamente con el cambio climático global, es donde nacen nuevos (y otro no tan nuevos) conflictos ecológicos, como los desastes naturales, las intensas sequías, las altas temperaturas, hambrunas y en particular los huracanes.
Según la FAO en su informe sobre agricultura de 2007, a pesar de un crecimiento económico mundial sin precedentes, 1100 millones de personas todavía viven en una extrema pobreza y más de 850 millones padecen hambre crónica, mientras los ecosistemas están más amenazados que nunca. La reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ambiental se han colocado a la cabeza de unos programas internacionales de trabajo apretados. Al mismo tiempo, la estrecha relación existente entre la pobreza, el hambre y la degradación del ecosistema es cada vez más clara, esto es un claro reflejo de las tres “D”. La mayoría de la población pobre vive en zonas rurales, muchas personas en entornos marginales, y dependen de la agricultura para su subsistencia. Por lo tanto, el desarrollo agrícola sería fundamental para mitigar la pobreza a gran escala. Para lograr un avance en este sentido, es necesario también que se preserve y mejore la base de recursos naturales de la que dependen los pobres para su subsistencia. Los servicios provistos por los ecosistemas son esenciales, no sólo para la reducción de la pobreza sino para la propia supervivencia. La Evaluación de ecosistemas del Milenio, al igual que los informes derivados de estudios más recientes como Water for food, Water for life (Comprehensive Assessment of Water Management in Agriculture, 2007) y Livestock’s long shadow: environmental issues and options (FAO, 2006) han presentado un panorama sombrío de la degradación actual de los ecosistemas y las posibles consecuencias si se mantienen las tendencias actuales. En muchas ocasiones, la agricultura se sitúa en el centro mismo de un complejo conjunto de problemas relacionados con la degradación del ecosistema. Aunque en parte agrava estos problemas y sufre muchas de las consecuencias, también ofrece posibles soluciones. La agricultura moderna se ha mostrado muy eficaz a la hora de ofrecer, en cantidades cada vez mayores, servicios de ecosistemas para los que existe un mercado: cosechas, ganado, pesca y productos forestales.
Sin embargo, la expansión de estos servicios ha supuesto un costo muy elevado para otros servicios de ecosistemas, como la regulación del clima, agua y biodiversidad, que son necesarios para sustentar la vida humana. Uno de los grandes desafíos a los que se enfrenta la economía mundial en el siglo XXI es perfeccionar estos servicios y volver a doblar la producción convencional para satisfacer las necesidades de una población mundial en crecimiento. El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2007 de la FAO destaca la capacidad de la agricultura de proporcionar una mayor oferta de servicios de ecosistemas que normalmente el mercado no compensa. En el caso de los agricultores, solemos pensar en los alimentos y las fibras que producen y que, o bien consumen, o bien venden en los mercados para conseguir unos ingresos. Pero los procesos de producción también pueden repercutir en otros servicios de ecosistemas que no se venden en los mercados y a los que ese informe llama servicios ambientales. Algunos pueden ser positivos, como la recarga de aguas subterráneas y una mayor belleza de los paisajes, a diferencia de otros, como la contaminación del agua por nutrientes de plantas y la erosión del suelo a causa de cultivos mal gestionados o un pastoreo excesivo de las laderas. A medida que la producción agrícola crece, estos efectos negativos pueden causar problemas cada vez más graves. Un punto fundamental es cómo animar a los agricultores a reducir los efectos secundarios negativos sin que esto les impida satisfacer la demanda creciente de alimentos y fibras. A la vez, los cambios en las prácticas agrícolas también pueden ayudar a atacar problemas ambientales no relacionados con la agricultura, por ejemplo, contrarrestando las emisiones de gases de efecto invernadero generados por otros sectores. Por lo tanto, otro aspecto pertinente es convencer a los agricultores para que aumenten la oferta de este tipo de servicio.
Los agricultores son los mayores gestores de recursos naturales de este planeta. Dependen de un amplio conjunto de servicios de ecosistemas que, a su vez, también generan. Sus acciones pueden al mismo tiempo beneficiar y degradar ecosistemas. Por esta razón, es fundamental conocer los motivos de sus decisiones a la hora de elaborar nuevas estrategias que favorezcan los servicios de ecosistemas y contribuyan al crecimiento sostenible. La importancia de este tema radica en que los ecosistemas sostienen la vida humana. Entre otras aportaciones, los ecosistemas suministran alimentos y agua potable, mantienen una reserva de recursos genéticos en constante evolución, conservan y regeneran los suelos, fijan el nitrógeno y el carbono, reciclan nutrientes, controlan inundaciones, filtran contaminantes y polinizan cultivos. A pesar de su importancia para el bienestar del ser humano, muchos de estos servicios están amenazados en todo el mundo. Los ecosistemas agrícolas son, con mucho, los mayores ecosistemas gestionados en el mundo. De la superficie total de la Tierra, unas 13000 millones de hectáreas, los cultivos y los pastos ocupan casi 5000 millones de hectáreas. Los bosques y las superficies arboladas suponen otros 4000 millones de hectáreas. Los ecosistemas pesqueros continental, costero y marítimo también generan servicios fundamentales para los seres humanos.
Actualmente, el suministro de servicios de ecosistemas en general, y los servicios basados en la agricultura en particular, se enfrentan a un desafío sin precedentes por los efectos combinados del aumento de la población, el rápido crecimiento económico y una mayor integración global. Se pide a la agricultura (englobada la producción de cultivos, ganado, pesca y productos forestales) que suministre una oferta cada vez mayor de bienes y servicios basados en el ecosistema. Se espera que la población mundial aumente en un 50 por ciento entre 2000 y 2050, siendo los países en desarrollo el escenario de casi todo este crecimiento. Los estudios indican que probablemente la producción de alimentos a nivel mundial sea suficiente para satisfacer los aumentos esperados de la demanda efectiva, aunque estos análisis no han incorporado todavía el aumento de la demanda de biocombustibles experimentado en los últimos años. Se busca entonces la institución de políticas para combatir el nuevo escenario no previsto por el hombre hace apenas unos años, pero no se debe dejar la responsabilidad solo a organizaciones supranacionales, se deben tomar iniciativas aquí en nuestro estado. Pareciera increíble que a lo largo de los últimos 50 años, los seres humanos han modificado los ecosistemas con mayor rapidez y amplitud que en ningún otro lapso de tiempo comparable de la historia humana, en gran parte para satisfacer la creciente demanda de alimentos, agua dulce, madera, fibra y combustible. Si este tema es de su interés puede consultar el Informe sobre el Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación 2007 emitido y publicado por la FAO directamente en la siguiente dirección de internet http://www.fao.org/catalog/inter-s.htm
Publicación semanario El Agropecuario. Autoría L.A.N.I. Marisol Juárez Rueda. ABRIL 2008





